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  • Impactos en la salud humana e inundaciones, algunas de sus consecuencias
  • Imprescindible gestionar los riesgos climáticos urbanos desde enfoques regionales: Víctor Magaña

El crecimiento continuo de las ciudades y el que la mayor parte de la población mexicana viva en ellas, son motivos suficientes para reparar en la gestión del riesgo climático en ambientes urbanos, mencionó Víctor Magaña, investigador del Instituto de Geografía.

Para evidenciar la importancia de lo anterior, el académico subrayó el impacto de las islas de calor en ciudades como Tokio, Nueva York o Seúl, en las que el aumento de temperatura es aún mayor que las tasas proyectadas por modelos que consideran al calentamiento global.

El caso de la Ciudad de México no es ajeno al de dichas metrópolis ya que, en los últimos cien años, la temperatura promedio de la capital ha aumentado entre tres y cuatro grados centígrados, destacó Magaña Rueda.

Calentamiento urbano: causas e impactos

Diversos modelos climáticos regionales revelan que el calentamiento de las ciudades está íntimamente asociado a la urbanización; de manera que, conforme incrementa la extensión de áreas deforestadas o se amplía la superficie asfaltada, también aumenta la intensidad de las ondas de calor.

Tales variaciones térmicas pueden derivar en eventos de calor extremo perjudiciales a la salud humana. Por ejemplo, en 2009 la Ciudad de México presentó una ola de calor a la que siguió el incremento de ingresos hospitalarios por enfermedades diarreicas, refirió el académico.

 Al incorporar información del contexto social en el que se presentan estas anomalías climáticas, pueden identificarse las zonas más vulnerables. Para el caso de la onda de calor del 2009, Víctor Magaña señaló que la zona oriente de la capital fue la más afectada, debido a su limitado acceso a servicios de agua.

Tormentas e inundaciones

 Las islas de calor urbanas también influyen en el comportamiento de las tormentas, de modo que el número de reportes de inundaciones y encharcamientos, en zonas metropolitanas como las de Guadalajara o Ciudad de México, ha crecido significativamente.

Conforme aumenta su temperatura, la atmósfera adquiere mayor capacidad para contener vapor de agua. Lo anterior posibilita que las tormentas sean más intensas en dichas ciudades, destacó Magaña Rueda. Si a lo anterior se suma que, por ejemplo, las áreas asfaltadas actúan como agentes impermeabilizantes que facilitan el escurrimiento y acumulación de agua en las zonas más bajas, podemos entender el incremento de inundaciones.

Al término de su participación en el Fórum del Instituto de Geografía, el académico afirmó que la mayoría de los esfuerzos para reducir el riesgo climático se centran en el cambio climático global. No obstante, es necesario desarrollar estrategias que partan de enfoques regionales, por ejemplo a escala metropolitana cuya unidad de análisis sean los socio-ecosistemas afectados por las islas de calor urbanas.



Marco A. Miramontes Téllez

2021-09-06